dscn9605      “El sonido del bosque”Una propuesta de Sergi Quiñonero 

Aquí reinan la simplicidad y la pureza de una era primitiva, y una salud y una esperanza muy alejadas de los pueblos y las ciudades. En la profundidad del bosque, completamente solos, mientras el viento sacude la nieve de los árboles y dejamos atrás los últimos rastros humanos, nuestras reflexiones adquieren una riqueza y variedad muy superiores a las que ostentan cuando estamos inmersos en la vida de las ciudades. El zorzal y el trepador son una compañía más estimulante que la de políticos y filósofos. En este valle solitario, nuestra vida es más serena y verdaderamente digna de contemplación. 

Henry David Thoreau. Un paseo invernal, 1843 

Yo no es que esté delante del “paisaje”, sino que yo soy el paisaje. Rosa Amorós 

La contemplación permite que te fundas con la naturaleza. Fina Miralles

LA OBRA: Un espacio en el bosque a través del cual transitar, un espacio para escuchar, para estar atento a lo que nos rodea. Dos hileras de cuerda se tienden entre árboles, más o menos de forma paralela la una a la otra. De ellas cuelgan ramas de diferentes medidas, alguna puede llegar hasta el suelo. Cuando se pasa caminando entre ellas se puede percibir el sonido que las ramas producen al chocar entre sí (movidas por el viento o impulsadas por nosotros mismos).

Se trata de una obra que queda de forma permanente pero que, por las características de los materiales utilizados, que acabarán por degradarse de forma natural, tiene una fecha de caducidad, que dudo supere los 5 años.

Pino negro y fibras vegetales (cáñamo, yute, rafia, sisal)
Base: 9 m. x 1,5 m. Altura: 2,5 a 3 m.
45 piezas de madera: 15 a 161 cm.
 
dscn9684    Irrupción”    dscn9692

                 53 conchas de caracol y pintura azul – Longitud 153 cm.
 
                               valdelarte
                                                          “Valdelarte”